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Disponible «Las alas del escorpión»

Tapa 2

Queridos lectores:

Luego de siete años de trabajo en este libro, hoy finalmente lo damos a la estampa, en formato Kindle y en papel, bajo mi heterónimo Kornelius Dekker.

Comencé su escritura por allá, en julio de 2008, con la ilusión de enviar aquel primer relato, El último tren, al Concurso Internacional Juan Rulfo, en Francia. Y voilà, el cuento quedó finalista entre casi seis mil relatos que participaban. Luego escribí nueve cuentos hasta completar diez, pero en el proceso de corrección, que es donde radica verdaderamente la escritura, se redujo el conjunto a nueve relatos, que son los que se ofrecen hoy al lector.

Las alas del escorpión es un libro en el que he gastado mucho esfuerzo. Tratándose de un libro de relatos donde exploro la psicología de las víctimas y los victimarios durante el nazismo, la investigación histórica era un eje fundamental para dar soporte verosímil a la ficción.

Adentrarse en las entrañas del horror no ha sido fácil, pero el esfuerzo bien ha valido la pena. No es posible comprender el horror sin correr el riesgo de legitimarlo, de darle una carta de ciudadanía para que se acomode al centro de la civilización, como una categoría más de la barbarie sometida a intelección.

Este es también un libro en el que quise explorar la escritura de diversas técnicas narrativas. No me limité a un solo modo de narrar. De allí que quizás surja alguna dificultad para lectores acostumbrados a un solo ritmo narrativo en un libro de relatos. El lector, por ejemplo, se topará con un relato bastante sencillo y lineal como El gorrión caído del nido, y a renglón seguido se enfrentará a otro texto como Los hijos del rastro en el agua, sin narrador, hilado solo por el flujo de conciencia de los protagonistas.

Espero que este libro sea de grata lectura para ustedes, queridos lectores de mi blog. Reproduce él una mínima expresión de días fatales que vivieron nuestros antepasados. Yo mismo, sin ser descendiente de judíos, tengo tíos abuelos gaseados en Buchenwald. Eso nos dice que nadie está a salvo del horror. Por ello conviene voltear a verlo una vez más, no sea que olvidemos reconocer su infancia en los días que nos toca vivir.

  • URL del libro en Kindle: http://goo.gl/pl41g0   (US $ 2.99).
  • URL del libro en papel: http://goo.gl/yeUq7F   (US $ 15.50 → US $ 12.19).
    • 200 págs.
    • ISBN-13: 978-1512007541.
    • Ediciones del Círculo de Akanthos.

Con afecto,

Jerónimo Alayón Gómez

Caracas, 31 de agosto de 2015.

Tristeza

Por Jerónimo Alayón

Tengo una tristeza de cosa caída atrás del siempre
de silencio en la garganta de la mañana
de quien sabe que el mapa nunca será el camino
¿para qué serlo?
una tristeza que espera
por un lenguaje que jamás la podrá convocar

Tengo la tristeza de los que han reconocido
en el rostro del horror
otros rostros Sigue leyendo

Un poema de Cinzia Ricciuti

Quiero ofrecerles hoy un hermoso poema de Cinzia Ricciuti, una amiga con quien comparto poesía y la angustia de un país que se deshilacha. Más abajo les dejo el correo en el que le comentaba a Cinzia mi lectura del poema, y que ella ha considerado, sabiamente, que debía trascender el silencio. Les recomiendo ampliamente leer su blog Verdades que asoman.

Poemas en los vidrios

Por Cinzia Ricciuti

Treinta y cinco años para una nueva bicicleta, menos mal que el tiempo de dios es perfecto, Juno alcanzó a Júpiter, ni los más grandes se escapan, así son los matrimonios, los astrólogos se siguen burlando de los idiotas, sólo los árboles de mango son confiables, Caracas ciudad de loros, Bagdad no es una ciudad, yo te respeto tú me matas, un discurso de Héctor a los Troyanos diciendo que no permitirá a los Aqueos que perturben la cotidianidad, Priamo ya tiene la solucion en el llanto, la barriga del caballo de madera se contrae en su risa de burla, un talkshow con Antígona e Ismene de invitadas, Ismene se lleva todos los aplausos, es la más inteligente, dice el público caníbal superviviente asustado, una náusea tan náusea que te lleva a acercarte al impresentable de Sartre mientras Camus se estampa de nuevo contra el árbol, paraguas vacíos, poemas en los vidrios, ya no hay espejos decentes, Nietzsche se acaricia el bigote pensando “se los dije” en su sanatorio mental, Georgia O’Keeffe pinta su vagina enamorada en forma de flor pero dice que no, que no es su vagina, la Ricciuti repite que le tocó una época pobre, si sigues con la vista gacha nacerán árboles de tu mirada, así es la tierra de fértil, una vez se dijo que no había que usar paraguas, nadie escuchó. Sigue leyendo

71° aniversario de la liberación de Mauthausen

 

Por Jerónimo Alayón

Mauthausen

Hoy se cumplen 71 años de la liberación del campo de exterminio nazi de Mauthausen. Allí murieron gaseados dos tíos abuelos míos por vía materna. No eran republicanos, pues no militaban en ningún bando de la Guerra Civil española, sino labriegos desplazados por la confrontación bélica. Digo esto para acotar que no es sano afirmar que «todos» los españoles asesinados en Mauthausen, que pasan largo de los 4.000, eran republicanos. Eso añade un acento a la tragedia que solo sirve para banalizarla, pues el horror fue aun mayor: allí murieron familias enteras de desplazados, niños y ancianos que no tomaron partido en la guerra. Y sí, ciertamente la mayoría fueron republicanos.

Lo peor de una fecha como esta es leer los debates sobre cifras de muertos y comparaciones con el otro holocausto español, que es muy cierto, el de los gulags rusos. Olvidamos que al caer la primera víctima del odio la condición humana de todos, sin excepción, ha quedado disminuida. No importa si fue republicano o nacionalista, si murió en Mauthausen o en Siberia. Con el primer asesinato por odio de un español, cada español, incluidos los que descendemos de hispanos, hemos perdido en nuestra condición humana un algo que nos obliga a ser más dignos, a trabajar para que nunca más un ser humano muera asesinado, física o moralmente, por razón de su raza, religión o credo político.

 

La banalidad del mal y el poder

Por Jerónimo Alayón
Para la columna Siglo bisiesto

Los totalitarismos modernos no conceden a sus enemigos la muerte del mártir, sino la simple, silenciosa y anónima desaparición.

Daniel Rafecas

Como algunos lectores supondrán, estoy partiendo de los presupuestos de Hannah Arendt en Eichmann en Jerusalén (1963). En el libro, la filósofa alemana reflexiona sobre el juicio a Adolf Eichmann, el jerarca nazi que fue artífice de los trenes de la muerte durante el Holocausto. Arendt acuña el término banalidad del mal para referirse a la comisión del mal no por perversión, sino por razones burocráticas. El propio Eichmann confesaría durante el juicio que los judíos solo eran estadísticas que él debía cumplir.

Con frecuencia algunos se preguntan si es posible tal cosa, la banalidad del mal. En principio, no. El mal y sus efectos no son banales. Por el contrario, quienes lo padecen lo sienten como algo dramático y muy significativo en sus vidas.

Caperucita Roja, por Gustave Doré (1832-1883).

Caperucita Roja, por Gustave Doré (1832-1883).

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El pasillo

Por Jerónimo Alayón

Never send to know for whom the bells tolls

John Donne

Camino por un pasillo
sé que he visto muchas veces este corredor
estas balas
esta sangre

Es un pasillo de Caracas
de Bruselas
de Madrid

Un hombre avanza hacia mí
cruzamos miradas
la muerte siempre tiene espejos en las pupilas
/lo sabía Pavese/

En la TV
un dictador alza la mano de un demócrata
y tiene espejos en las pupilas

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El andén de las valijas olvidadas

Por Kornelius Dekker

A la memoria de Adolfo Gómez Asensi , Juan Gómez Asensi y Julián Oliván López (pasajero del Convoy de los 927). Ellos son parte de mi sangre diluida en el horror.

A la memoria de los casi cinco mil españoles asesinados en Mauthausen.

El andén de las valijas olvidadas

Cuento publicado en Las alas del escorpión (2015), pp.  81-101.

Quedó sobre el andén un cortejo de valijas abandonadas. Cada una era el símbolo de un olvido. En el mundo hay tanto olvido como perfidia. Yo pertenecía ahora a aquella historia. Atrás habían quedado los días del Real Conservatorio Superior de Música en Madrid. Ahora me encontraba al noreste de Austria, en Mauthausen, el Campo de los Españoles. Este era un campo de exterminio de la Intelligentsia.

Me llamo Xavier Mompou, catalán. Hasta el verano pasado fui profesor de dirección orquestal en el Real Conservatorio de Madrid. Una madrugada fui sacado de mi piso, en la Calle de Alcalá, y conducido a la comandancia de policía. Se me leyeron los artículos de la Ley de Responsabilidad Política que me inculpaban. El juicio duró media hora. Un policía fue el fiscal acusador y otro el juez. Fui condenado por conspiración y deportado.

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Mi nombre

Por Kornelius Dekker

Quisiera ser un número
y no una palabra.

Natasha Tiniacos

Esta noche me cuesta decir mi nombre/ está escrito con letras de tu nombre

Tú vienes de tu nombre al mío con la paciencia con que vuelve un siglo bisiesto/ tu tiempo acusa la herrumbre de mi tiempo/ tu nombre es mi nombre sin la culpa/ sin el arrecife/ sin el abismo que se abraza a su eternidad en el espejo

Un hombre es exactamente eso/ un nombre/ lo demás son atributos del tiempo

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Del libro Evanescencia, p. 42.