Los límites del lenguaje son también los límites del mal

Por Jerónimo Alayón
two-human-beings

Two People. The Lonely Ones ~ Edvard Munch (1896).

Me estrené como Profesor de Castellano y Literatura en el Instituto Experimental de Formación Docente de Caracas, un lunes 15 de enero de 1990. Lo recuerdo muy bien porque aquel año el Ministerio de Educación no suspendió clases el Día del Maestro. Cuatro años más tarde, un martes 8 de marzo de 1994, ingresé a la Universidad Central de Venezuela como Profesor del Área de Español en la Facultad de Ingeniería. He tenido la fortuna de dictar clases en muchos lugares: colegios grandes y chicos, universidades de aquí y de allá, un instituto universitario policial, academias, fundaciones, empresas, un ateneo y hasta en un partido político. Al cabo siempre regreso a aquel 15 de enero, a la certeza de no saber, de entender que estoy incompleto, que estoy en cours de réalisation.

Es indudable que el país ha cambiado. Yo también. Entre uno y otro han cundido palabras que se han vaciado de su significado preñándose incluso de sus opuestos. Lo más parecido a una palabra invertida es el silencio de la demencia, y es en ese escenario donde me ha tocado enseñar, decir a mis alumnos que las palabras aún sirven luego de que han sido manipuladas hasta el exceso para burlar nuestra inteligencia, para acribillar el refugio de nuestro ejercicio de la individualidad.

Wittgenstaein decía en su Tractatus logico-philosophicus (§ 5.6) que «los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo». Para Wittgenstein, el mundo es la totalidad de los hechos. Él entendía el mundo como una suma de acciones: una mesa es la suma de los hechos que la hacen posible. Y entiendo que el mal es también la suma de los hechos de perfidia que lo hacen posible. Por tanto el lenguaje expresa el límite del mal en la misma proporción en que este existe y manipula a aquel. Quizás ello explique, en nuestro statu quo, el uso que hacemos de un lenguaje que llega a negarse a sí mismo. Alejandra Pizarnik no lo habría podido decir mejor:

no estoy en dificultad:
estoy en no poder más.

En estas circunstancias, tengo cada vez más dificultades para entrar a un salón de clases y hacer mi trabajo: levantar el cadáver de un idioma estuprado por los jerarcas de la omnipresencia ideológica. Sin embargo lo hago y lo seguiré haciendo, aun consciente del valor de aquella enigmática frase final del Tractatus: «De lo que no se puede hablar hay que callar» (§ 7). Quizás pronto descubramos que más que escasear la leche, la harina y el papel toilette nos están faltando palabras esenciales, y no en ausencia de quien las diga, sino por no haber quien las pueda o quiera escuchar con sensatez y sentido de prospección.

Asistimos a la forja de un silencio que por nuevo no es menos aterrador que el impuesto en los campos de exterminio nazi y comunista: el silencio hecho de palabras vacías, el silencio deshumanizado. No estoy tan seguro de que podamos saltar los bardales del desastre con la premisa de Guillermo Sucre alzada en puño: «Hablar a partir de la conciencia que se tiene del silencio es ya hablar de otro modo». Marchamos cojitrancos hacia la homologación entre el silencio y el callar.

Kornelius Dekker ha intuido este silencio-callar: «Los nefastos hallaron el modo de hacer un nuevo silencio: nos hurtaron las palabras y con ellas han amordazado todo vestigio de verdad». Participamos, los que queremos, del combate entre el lenguaje de la oscuridad y el lenguaje de las tinieblas. Al centro de los oscuros versos de Novalis estalla la luz como una reverberación inexorable en múltiples formas de ser pensada. Al centro del lenguaje totalitario solo existen las tinieblas del pensamiento único. La noche del lenguaje –lo sabía San Juan de la Cruz– es una luminosa promesa. Las tinieblas, por el contrario, no admiten la diversidad del amanecer.

En este marco de consideraciones entro a mi salón de clases como un Espartaco, temiendo la ristra de cruces en la Via Apia. No sé si haya escogido el mejor camino para mí, pero de algo estoy seguro: es el mejor camino para decir un día: «Etiam si omnes, ego non» (aunque todos participen, yo no), porque nada queda mejor dicho que cuando se escribe con los días por palabras y la muerte por punto final.

Estoy consciente de mi personal periplo o peripecia: dependerá de si quien me lee frunza el ceño o se ría. En todo caso, la soledad es ineludible al que piensa, y más aun en tiempos de «colectivización». Que me perdonen mis alumnos por mostrarles el camino hacia la soledad de hacerse individuos pensantes. No conozco otro medio de escalar la dignidad humana.

5 de diciembre de 2013
Día del Profesor Universitario

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14 pensamientos en “Los límites del lenguaje son también los límites del mal

  1. niasunset

    I tried to take a help from Google translate, and this is interesting piece. Language how important… we are the architect of ourselves… and everything becomes into the words… But teachers, they are more important than the language… Good Luck profesor. And I hope you don’t mind that I dropped in your page. I am in a language not free but knowing very well, and I am in another language free but not well enough with the language. The balance between them hiding in my art/photography/poetry, etc. 🙂 Thank you, it was a nice mind journey for me. With my love, nia

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  2. grojol

    En todas partes cuecen habas, lamentablemente, y por ese camino hacia la soledad andamos más de los que pudieramos imaginar. No estamos tan solos. Solo tenemos que abrir bien los ojos y mirar, mirar a los ojos de los que están ejecutando ya su “etiam si omnes, ego non”.

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    1. Tinteroypincel

      Totalmente de acuerdo. La ignorancia ha llegado al poder en demasiados lugares, se habla por hacer ruido, por no callar, por demostrar que se esta ahí y que se tiene poder.
      Es difícil mantenerse en la verdad de las palabras, pero como diría Sandor Marai, nuestra tierra, nuestras raíces, son el lenguaje.
      Gracias por esas palabras tan claras. Un saludo.

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  3. lilitoqui

    He quedado más que admirada y comparto cada una de las palabras de esta maravillosa entrada.El silencio, es cómplice de la MENTIRA, y no sabe defender LA VERDAD, principios fundamentales para conformar al “ser Humano”, en su potencialidad espiritual.Todo aquél que calla, es cómplice explícito, generalmente PUEBLOS DE OVEJAS ENGENDRAN GOBIERNOS DE LOBOS. La palabra en fundamental, para el buen vivir, cuando se devalúa pierde sentido todo tipo de convivencia. Aplaudo tu entrada, me siento igual que como dice Alejandra Pizarnik ”
    “no estoy en dificultad:
    estoy en no poder más.”
    Un enorme abrazo, un verdadero placer leerte.

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  4. Stella

    Yo he llegado al límite de haber perdido la capacidad de asombro.
    He pensado muchas veces que el tiempo que me ha aplastado, en éste callar constante.
    Ya he leído varios de sus artículos, pero éste me ha conmovido, me ha llegado profundamente,
    porque aquí la enseñanza se ha sentado en un tobogán, que no se sabe donde termina.
    Un abrazo desde Uruguay.
    Hasta pronto.

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  5. LAMBERTUS CEGATUS

    DESPUES DE LEERTE ME DA LA IMPRESION QUE ESTAS HABLANDO EN UN PRINCIPIO DE ESPAÑA, AUNQUE REALMENTE ESTE EL DE LAS PALABRAS ES UN MAL ENDEMICO QUE SERA MUY DIFICIL DE DESTERRAR TANTO DE LA JUVENTUD COMO DE LAS PERSONAS MAYORES, ES DEGRACIADAMENTE LA TONICA QUE SIGUE TODO EL MUNDO. UN SALUDO CORDIAL

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  6. ksiklbo

    Tremenda es tu exposición; incita a despertar, es un grito a la lucha.
    Lastima que no todo el mundo dispone de la misma capacidad para percibir la manipulación que acontece entre signos subliminales que aciertan a estar bien dispuestos para lograr un fin de beneficios personales -que no comunes- y palabras que se desarticulan ante tantos extremismos inoperantes y barbaridades seculares.
    me llenó leerte, un gusto pasar.

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  7. Carolina Ternauska

    … que las palabras aún sirven lo testimonia este magnífico texto de tu autoría, Jerónimo!
    La esencia de la palabra y el reconocimiento del contexto que la comprende, desde donde yo veo, desde donde soy. ¡Un aporte que, junto a otros, enriquece… diversidad y pensamiento… vida!
    ¡Como a menudo me sucede, tu texto me pone en contacto con lo que me trasciende, es decir, con la Verdad!
    “Los limites del lenguaje son también los límites del mal” resulto para mí una invitación a “ir más allá” de lo que se me presenta, de lo que oigo y de lo que veo. Una invitación a conquistar mi libertad.

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