La Taciturna

Por Kornelius Dekker

Yo estaré sentado en el borde del nunca cuando la Taciturna me circunde con su lazo de niebla/ para entonces ya nadie sabrá que estuve allí aguardando cada siglo bisiesto/ nadie

Habré mirado tanto que olvidaré mi nombre y el rostro de mi cansancio/ ella vendrá a ofrecerme la promesa que no crecerá en los resquicios de las cercas/ ella disfrazará mi fatiga con el tañer de los últimos adioses

Me iré sin pisar los charcos/ sin salpicar la lluvia que otros despreciaron/ sin huella que duela a los esclavos de la persistencia

Pero los perros del viento sospechan mi secreto/ que la Taciturna ya ha venido/ sin trompetas de cristal/ me ha mirado y se ha ido/ otro será el día más largo sin mí/ el candado de humo aún aguarda por su pestillo de tiempo

No ha sido/ sin embargo/ la Taciturna quien me ha inquietado/ sino su sombra/ esa pastosa oquedad que aún tiene mi nombre

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Dekker, K. y Alayón, J. (2015). Evanescencia. Caracas: Ediciones del Círculo de Akanthos, p. 13.

Disponible en Kindle y papel en  45

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