Un poema de Cinzia Ricciuti

Quiero ofrecerles hoy un hermoso poema de Cinzia Ricciuti, una amiga con quien comparto poesía y la angustia de un país que se deshilacha. Más abajo les dejo el correo en el que le comentaba a Cinzia mi lectura del poema, y que ella ha considerado, sabiamente, que debía trascender el silencio. Les recomiendo ampliamente leer su blog Verdades que asoman.

Poemas en los vidrios

Por Cinzia Ricciuti
music-pink-and-blue
Music, pink and blue – Georgia O’Keeffe

Treinta y cinco años para una nueva bicicleta, menos mal que el tiempo de dios es perfecto, Juno alcanzó a Júpiter, ni los más grandes se escapan, así son los matrimonios, los astrólogos se siguen burlando de los idiotas, sólo los árboles de mango son confiables, Caracas ciudad de loros, Bagdad no es una ciudad, yo te respeto tú me matas, un discurso de Héctor a los Troyanos diciendo que no permitirá a los Aqueos que perturben la cotidianidad, Priamo ya tiene la solucion en el llanto, la barriga del caballo de madera se contrae en su risa de burla, un talkshow con Antígona e Ismene de invitadas, Ismene se lleva todos los aplausos, es la más inteligente, dice el público caníbal superviviente asustado, una náusea tan náusea que te lleva a acercarte al impresentable de Sartre mientras Camus se estampa de nuevo contra el árbol, paraguas vacíos, poemas en los vidrios, ya no hay espejos decentes, Nietzsche se acaricia el bigote pensando “se los dije” en su sanatorio mental, Georgia O’Keeffe pinta su vagina enamorada en forma de flor pero dice que no, que no es su vagina, la Ricciuti repite que le tocó una época pobre, si sigues con la vista gacha nacerán árboles de tu mirada, así es la tierra de fértil, una vez se dijo que no había que usar paraguas, nadie escuchó.


Hola, Cinzia.

Me alegro mucho con tu alegría :-). Lo de «imponderable» fue intencional. No logro atrapar exactamente cuál es el fondo del cambio. Por eso lo de las muchas tardes de café, porque habría que conversar mucho para encontrar los pequeños imponderables de los que que salió el poema [aquí aludo a un comentario que dejé en su muro de Facebook]. Pero ese misterio es en sí mismo fascinante porque es el misterio de la poesía. Creo que todos hemos vivido –más que escrito– un poema así.

Hasta Caracas y Bagdad, encuentro que el poema se alinea con tus anteriores textos. Allí veo el sentimiento de desarraigo y cierta tristeza en la mención a las matas de mango que, sabemos, están calmando el hambre de mucha gente en esta patria infortunada.

Luego viene el salto. Por un momento sentí a Héctor como un populista, y eso me trasladó al sátrapa de Maduro. Si la idea era presentar a Maduro enmascarado como un Héctor demagogo, me parece que logras hacerlo bien y con altura. Consigues salirte del lugar común y simplón de Maduro = Stalin.

El periplo desde Héctor hasta O’Keeffe es tan alucinante como sus flores-vaginas. Ese periplo fue el que me hizo parar y releer de nuevo el trozo. Es una síntesis maravillosa del absurdo, el absurdo de Héctor, del caballo preñado de hombres armados, la absurda muerte de Antígona, y cruzas, como si nada, por entre dos pilares del absurdo y la náusea modernos: Sartre y Camus. Justo ahí reaparece tu mundo: los paraguas vacíos de tu playa, el cristal de esa ventana por la que hemos aprendido a querer el Adriático que ves y los misteriosos espejos (los espejos siempre son misteriosos). Cuando leí el nombre de Georgia O’Keeffe quedé otra vez impactado: es, quizás, uno de los modos más hermosos de conectar a Sartre y Camus con esta parte del mundo y con la poesía visual, la pintura. La mención a O’Keeffe también entraña cierto erotismo que da al poema un toque interesante y una personalidad fuerte. En todo este trozo admiré dos cosas: una, tu capacidad de síntesis, y otra, una cultura bien formada que puede dar ese efecto sintético.

Luego llegas tú, y no quedas por debajo de Sartre, Camus y O’Keeffe. El reclamo a la pobreza deja intuir tu historia personal: la pobreza de la que eres originaria por ser Venezuela lo que es hoy, la pobreza moral que ha hecho posible toda esta miseria, pero también percibo que es un reclamo a la pobreza intelectual de nuestro tiempo. La imagen de la mirada que siembra árboles es preciosa, a pesar del dolor del que es reflejo. Y otra vez el paraguas, con esa advertencia final que me hizo recordar la historia de Jonas Hanway, el hombre más ridículo de Londres.

¿Te das cuenta que O’Keeffe hacía flores que no eran vaginas (o vaginas que no eran flores) y tú hiciste un poema que no es algo, y no sabemos qué no es, porque para eso tendríamos que saber primero qué es?

Bueno, esta es mi lectura. Como ves, no muy clara y más intuitiva que analítica, pero siempre es un hallazgo leerte, y un placer «imponderable», ja, ja.. Cualquier comentario, estaré aquí para seguir el hilo.

Un abrazo fuerte,

Jerónimo.

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