Archivo de la categoría: John Parker

Nació en Geremba, 1968. Estudió Letras en la Universidad de Milizenpolis y es librero.

El fotógrafo

Por John Parker

Finalista en el I Concurso Internacional de Relato Breve «Cada loco con su tema» (México, 2012)

Luigi era fotógrafo profesional, y estaba convencido de que cada uno lleva dentro un espejismo fabricado durante años. Él y su esposa pasaban el día riñendo y la noche reconciliándose. Las cafeterías eran su sitio predilecto para discutir. Un pastelito y un café le otorgaban un aire casi doméstico a la escena, como si estuvieran en el proscenio de un teatro. Uno no acababa de saber cuánto de exhibición había en aquellos episodios. Al final, todo terminaba en un abrazo y un beso largo, como si esperaran el aplauso.

Un día María se largó. El departamento en la Avda. París de La California Norte quedó repentinamente en silencio. En la Caracas de los ochenta eso era particularmente grave, antes de que la ciudad pareciera una fábrica de ruidos. Por entonces era más silenciosa… más peligrosa, suponiendo que el silencio sea uno de los imponderables que más atormentan el alma. Cuando Luigi franqueó la puerta de su departamento, cruzó al mismo tiempo y para siempre el umbral de la demencia.

Al principio su manía parecía nada excéntrica. A fin de cuentas, Luigi no era el único fotógrafo que ocasionalmente charlaba con sus fotografías, pero el límite entre la cordura y la locura no está demarcado por lo que hacemos, sino por la frecuencia con que lo hacemos, y Luigi traspasó la frontera de lo excepcional. Cuando María se marchó, él solo escogió su mejor retrato y lo sentó a la mesa, en la cabecera, donde ella solía comer. En el resto de las sillas colocó fotografías de otros parientes. El conjunto parecía fantasmal, especialmente en las noches, cuando Luigi encendía las velas en lugar de los bombillos.

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El laberinto de Borges

Por John Parker

Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar… La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo.

 Jorge Luis Borges

El laberinto de Borges

2° lugar del VII Concurso Anual Internacional de Relatos Revista Crepúsculo (Argentina, 2012)

1

Borges calló tanto como escribió. Sabía que bajo sus textos subyacían catacumbas de insospechables simbolismos, que solo él podía descifrar en la niebla verde-azul de su invidencia. Tuve certeza de ello una noche cuando releía «La casa de Asterión», y elucubré la sugestiva conjetura de que el laberinto renacía cada mil años. Lo que siguió a aquella epifánica noche fueron meses de encierro entre libros antiguos, historias olvidadas y mitos funambulescos que poblaban las madrugadas de una mente afiebrada por la paranoia intelectual. No fue difícil re(encontrar) o re(crear) la presunta autenticidad del mito.

2

Cuando Atila entró al laberinto, tuvo un mal presentimiento.[1] Los espejos que tapizaban las paredes multiplicaban hasta el infinito su imagen en una cavernosa soledad. Sacó su talega de frijoles y empezó la andadura, dejando tras de sí el rastro redentor. Pero, semanas más tarde, se percataría de que el laberinto respiraba. Las galerías estancas de ayer hoy se franqueaban. Los pasillos cortos se alargaban, y los largos se bifurcaban. Atila comprendió que nunca encontraría al Minotauro, que el Minotauro era el laberinto, y las galerías, las entrañas antropófagas de la bestia.

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