La noche de Novalis

Por Kornelius Dekker

El poeta alemán Friedrich von Hardenberg, mejor conocido como Novalis, publicó en 1800 —a sus veintiocho años y poco antes de morir de tuberculosis— sus célebres Himnos a la noche. La inspiración provino de Sophie von Kühn. Novalis escribiría en su diario que le bastaron quince minutos para sentirse «arrebatado por un irresistible sentimiento amoroso hacia la joven». Ella tenía por entonces doce y el poeta veintidós. Al año siguiente se comprometieron y dos más tarde, a sus quince, la musa de Novalis moría de tuberculosis. Meses después, ante la tumba de la amada, experimentaría lo que se ha denominado la Sophieerlebnis (experiencia Sophie), que vendría a ser la génesis de los Himnos a la noche y que él registró así:

«Empecé a leer a Shakespeare, me adentré en su lectura. Al atardecer me fui con Sophie. Entonces experimenté una felicidad indecible, momentos de entusiasmo como relámpagos. Vi cómo la tumba se convertía ante mí en una nube de polvo, siglos como momentos —sentía la proximidad de ella—, me parecía que iba a aparecer de un momento a otro».

La visión del poeta romántico, acicateada por Shakespeare, constituirá más tarde el núcleo de los Himnos. En el tercero de los seis cantos, Novalis reproducirá enriquecidamente la escena:

En nube de polvo se convirtió la colina,
a través de la nube vi los rasgos glorificados de la amada.
En sus ojos descansaba la eternidad.
Cogí sus manos, y las lágrimas se hicieron un vínculo
centelleante, indestructible.
Pasaron milenios huyendo a la lejanía, como huracanes.
Apoyado en su hombro lloré,
lloré lágrimas de encanto por la nueva vida.
Fue el primero, el único sueño. Sigue leyendo “La noche de Novalis”

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Las edades de la vida

Por Kornelius Dekker

Caspar David Friedrich (1774-1840) nació en una ciudad afortunada: Greifswald, al noreste de Alemania, en la Pomerania Occidental. Es un lugar privilegiado porque su vida gira, desde 1456, en torno de su universidad, la segunda en antigüedad del norte de Europa. Friedrich, para más señas, fue un pintor del romanticismo alemán. Sus óleos representan al hombre y la naturaleza –rasgo común a casi todos los románticos–, pero su estética se halla dotada de un altísimo valor simbólico, diríamos que metafísico.

Su historia es particularmente desventurada. En vida, Friedrich cosechó gran reconocimiento, pero hacia el ocaso de su existencia fue olvidado y murió pobre y apoplético. A mediados del s. XIX lo redescubrieron tímidamente los simbolistas, al punto de considerarlo su precursor. Luego, a principios del s. XX, los expresionistas lo ensalzaron, con lo cual su obra quedó de nuevo en la perspectiva de la desgracia, pues el nazismo fijó su mirada en él. Con la caída de la esvástica el trabajo del pintor alemán volvió a la sombra, y no sería hasta la década de 1980 cuando la crítica, con justicia, lo rescataría como el icono de la pintura romántica alemana.

Lo que hace que la obra pictórica de Friedrich destaque por sobre el panorama de sus contemporáneos es la carga de simbolismo que arroja a aquella. Sus cuadros, unos trescientos diez, suelen ser alegorías religiosas, políticas y filosóficas de su tiempo. Siempre me ha gustado decir que Friedrich fue el más filósofo de los pintores alemanes.

Caspar David Friedrich: "Lebensstufen"
Caspar David Friedrich: «Lebensstufen» (1834).

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