Presagio

Por Kornelius Dekker

Y desde allí divisará mi espíritu el ambiguo deslumbramiento de la verdad inalcanzable.

José A. Ramos Sucre

laberinto de espejos

Escribo desde la sombra del mar/ las galerías de espejos se bifurcan aquí/ espejos que devoran mi nombre/ y las paredes mutan su piel mientras escribo el símbolo de mi muerte

Cada caverna tiene su voz/ juntas convocarían jaurías/ solo aspiro a distanciar la voz y la revelación sin descoyuntarlas/ posponer la manifestación del sentido hasta que la tarde sorprenda a la vida

No sé si tú vendrás para entonces/ cuando las aves de la tarde pronuncien mi nombre/ tú sabes la hora fingida por el reloj

¿Cuánto tiempo podré viajar al límite de la demencia sin suscitar el cautiverio? Las voces reclamarán para mí signos que no existen

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Dekker, K. (2015). Evanescencia. Caracas, Venezuela, Círculo de Akanthos, p. 19.

NOTA: Kornelius Dekker es un heterónimo de Jerónimo Alayón Gómez.

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El fotógrafo

Por John Parker

Finalista en el I Concurso Internacional de Relato Breve
«Cada loco con su tema»
(México, 2012)

Luigi era fotógrafo profesional, y estaba convencido de que cada uno lleva dentro un espejismo fabricado durante años. Él y su esposa pasaban el día riñendo y la noche reconciliándose. Las cafeterías eran su sitio predilecto para discutir. Un pastelito y un café le otorgaban un aire casi doméstico a la escena, como si estuvieran en el proscenio de un teatro. Uno no acababa de saber cuánto de exhibición había en aquellos episodios. Al final, todo terminaba en un abrazo y un beso largo, como si esperaran el aplauso.

Un día María se largó. El departamento en la Avda. París de La California Norte quedó repentinamente en silencio. En la Caracas de los ochenta eso era particularmente grave, antes de que la ciudad pareciera una fábrica de ruidos. Por entonces era más silenciosa… más peligrosa, suponiendo que el silencio sea uno de los imponderables que más atormentan el alma. Cuando Luigi franqueó la puerta de su departamento, cruzó al mismo tiempo y para siempre el umbral de la demencia.

Al principio su manía parecía nada excéntrica. A fin de cuentas, Luigi no era el único fotógrafo que ocasionalmente charlaba con sus fotografías, pero el límite entre la cordura y la locura no está demarcado por lo que hacemos, sino por la frecuencia con que lo hacemos, y Luigi traspasó la frontera de lo excepcional. Cuando María se marchó, él solo escogió su mejor retrato y lo sentó a la mesa, en la cabecera, donde ella solía comer. En el resto de las sillas colocó fotografías de otros parientes. El conjunto parecía fantasmal, especialmente en las noches, cuando Luigi encendía las velas en lugar de los bombillos.

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